viernes, 28 de junio de 2013
Sobre Áreas Monetarias Óptimas y la Unión Bancaria
Según Robert Mundell un área monetaria óptima es aquel área con moneda común donde coincide una unión monetaria con una unión fiscal. Ello coincide con una unión política que la pueda dotar del empoderamiento suficiente para poder tomar medidas necesarias para atemperar los diferentes shocks asimétricos que puedan llegar a existir.
Un ejemplo de área monetaria óptima que funciona lo encontramos en USA, donde coexisten las uniones mencionadas. En cuanto a la unión bancaria, si bien en USA existe la regulación y supervisión única, ésta sólo ha conllevado el rescate de bancos e instituciones sólo en el caso de que éstas pudiesen conllevar peligros sistémicos. Al resto de bancos no sistémicos se les ha dejado sin problemas caer en bancarrota, aplicándose el orden de prelación existente en quiebras bancarias.
En Europa llevamos ya varios años en esta crisis que diversos y variados economistas argumentan que es necesaria una unión bancaria europea que conlleve el rescate público europeo de los bancos de la Eurozona en problemas.
Pues bien, en Europa, después de haber destinado 1,6 billones de euros en el rescate de las entidades en problemas (podríamos compararlo con los rescates sistémicos de USA), hemos llegado al punto en que para no comprometer el equilibrio y solvencia de todo el sistema público europeo (cuentas públicas nacionales y supranacionales) se debe dejar caer a los bancos si ello no supone riesgo sistémico.
Y eso es lo que recientemente se ha aprobado en Europa: en cada resolución bancaria se va a aplicar el orden de prelación establecido para las quiebras bancarias y sólo estrictamente en caso necesario se utilizará capital público. Además se ha hecho preservando el peligro de la extensión del pánico mediante la protección de los depósitos inferiores a 100.000 euros y de los depósitos de familias y pymes superiores a 100.000 euros.
Al final, si un banco quiebra quien debe perder el dinero son quienes mayor riesgo han incurrido en su relación con ese banco, quienes no afecten al correcto funcionamiento de la economía (si se perjudicara a familias y pymes podría conllevar un ahondamiento de la crisis en forma de menor consumo, inversión y empleo) y en función del conocimiento de la actividad bancaria adoptada. Y ello debe ser defendido de forma política, económica y legal. Así debería ser y parece ser que así será.
¿Qué puede suceder en el largo plazo?
En el largo plazo, y a la luz de lo sucedido en Chipre, puede suceder que las entidades nacionales que quiebren y liquiden queden al amparo de los bancos nacionales de mayor solvencia en cada uno de los países de la Unión.
Ello en la práctica puede conllevar un oligopolio nacional de facto en el que sólo queden 4/5 entidades nacionales en cada país con el efecto pernicioso sobre la libre competencia y la libre creación de precios en el mercado bancario, con lo que los consumidores quedarían en una gran indefensión.
La falta de competencia ya ha sucedido en otros sectores en Europa (sector eléctrico por ejemplo) y ello ha conllevado con el tiempo un problema de competencia y distorsiones relevantes en los precios aplicados a consumidores. Y hoy la recomendación en estos sectores es que las compañías europeas operen en todos los países europeos independientemente de su nacionalidad para fomentar la competencia.
Es por ello que creo que la primera recomendación al respecto del sector bancario europeo debiera ser que, desde Europa, política y económicamente se debería apostar por la entrada de entidades europeas no nacionales en cada uno de los países mediante la toma de poder de los bancos nacionales liquidados.
O es que, ¿no es mejor para BBVA o Santander poder tomar el control de un banco alemán o italiano que un banco español ya que diversifica riesgos geográficos y obtiene no sólo sinergías de costes sino también de ingresos?
Y como ello es particularmente difícil que se realice de forma autónoma por el mercado (en el caso alemán por ejemplo con tomas de poder en países de la periferia dados los elevados riesgos de país existentes), el poder público europeo (nacional y supranacional) debería intervenir.
Para ello se debería poder proveer un marco de actuación estable que eliminase un posible riesgo de devaluación futura de las monedas nacionales. Así, si los bancos alemanes tuvieran la certeza de la no vuelta a las monedas de origen seguramente también estarían más cómodos tomando el control de un banco italiano o francés o español que uno alemán puesto que se abrirían a otros mercados (probables sinergías de ingresos y de costes) y diversificarían riesgos geográficos. Y ello sería plenamente beneficioso para los consumidores europeos.
Por otra parte, el sector bancario se encuentra en plena reconversión: en el futuro, las entidades off-line pueden perder la batalla ante entidades on-line, con lo que un Google Bank o un Apple Bank por ejemplo podrían llegar a dominar a la larga este sector en Europa, dados sus menores costes hundidos y su excelente posición de liquidez. Así, el sector bancario europeo podría llegar quedar a muy largo plazo en poder de manos extranjeras y ello debería ser motivo de preocupación en Europa. Es por ello que además de la anterior recomendación, sería deseable:
1. Promover que las entidades europeas que subsistan en el mundo off-line realicen de forma acelerada una reconversión al mundo on-line.
2. Promover unas mejores y objetivas condiciones para la creación de start-ups bancarias on-line en la Eurozona que permitiesen una mayor librecompetencia europea.
Hoy, por ejemplo en España, se necesita para fundar un banco una cantidad de capital mínimo demasiado elevada (18M de euros) y una decisión política (acuerdo del Ministerio de Economía). Según mi opinión, el capital necesario para fundar un banco debería ser un % del balance de cada banco y no una cantidad, ya que limita la entrada de cualquier competidor on-line nacional y europeo. Si se quiere este % de capital podría ser del 30% del balance y no del 10,5% que se puede exigir en el futuro a las entidades ya consolidadas, pero si se quiere hacer frente a la competencia china o americana y/o a la menor competencia en Europa, es necesaria esta libertad de creación de start-ups online bancarias (ojo, que tenemos gente formada para ello dadas las reestructuraciones bancarias acaecidas). A la vez, se debería sustituir el actual poder político en estas decisiones con una amalgama de condiciones objetivas para la creación de entidades bancarias. Ello es necesario y debe ser apoyado por Bruselas.
Habiendo ya comentado que la Unión Bancaria debería circunscribirse a la regulación y supervisión y a casos de intervención circunscritos a riesgos sistémicos, es hora de volver a hablar de la Unión Monetaria Óptima.
Para que exista una correcta Unión Monetaria Óptima,en Europa, debemos avanzar sin excusas hacia:
- Un empoderamiento efectivo para tomar decisiones. Aquí seguramente habrán dificultades políticas para llegar a acuerdos, pero ya sea de forma federal como de forma centralizada, la toma de decisiones debe ser ágil y efectiva y siempre tendente al objetivo de la creación de un Área Monetaria Óptima que funcione. Además es primordial que este empoderamiento venga a través de las urnas: Europa sólo tendrá futuro si sus ciudadanos se sienten representados y creen en la Unión, y eso pasa por escoger a los representantes empoderados a través del voto.
- Unión Fiscal: se debe avanzar y completar la Unión Fiscal. Ahora bien, los shocks asimétricos existentes hacen que sea necesario realizar un debate acerca del futuro del euro. Existen varias posibilidades:
a. Moneda Común Única con Eurobonos: es la mejor solución ya que permite acelerar y completar la Unión Fiscal y soportar los shocks asimétricos de tales medidas y sus efectos sobre la confianza de las cuentas públicas de los países con mayores dificultades. Ahora bien, parece que políticamente puede ser difícil su instrumentación (veremos después de las elecciones alemanas). Esta opción permitiría la entrada de capital extranjero en los países periféricos puesto que esfumaría de golpe la desconfianza en los países en problemas y el posible riesgo futuro de devaluación de moneda. Ello permitiría un aumento de las transacciones intracomunitarias y un mejor funcionamiento del mercado único europeo (capital europeo de otros países en bancos, eléctricas,...nacionales).
b. Moneda Común No Única: Permite que el euro-peseta por ejemplo se pueda devaluar un 30%-40% respecto al euro-marco para ganar competitividad y así poder hacer frente de forma inmediata a los shocks asimétricos creados. Mientras se puede avanzar y completar la armonización fiscal hasta que en un futuro cuando estuviesen solventados los shocks asimétricos que se generan se pudiera volver a la Moneda Común Única. Esta opción si bien podría considerarse si existen dificultades políticas a la anterior opción no acabaría de solventar el problema riesgo país hasta que se hubieran realizado todas las devaluaciones y solventado todos los shocks asimétricos. Si bien políticamente podría ser más factible y tendría efectos positivos (no tanta pérdida de poder económico y político de la UE, no efectos sobre ciudadanos y elecciones,...), tendría efectos retrasados en cuanto al correcto funcionamiento del mercado único (menos competencia,...).
3. Salida de los países con problemas para que realicen una devaluación de su moneda: esta opción es la peor dado que pierdes poder político y económico en el mundo y no te aseguras que los países que sigan con el euro no sufran shocks asimétricos en un futuro. Se debe decidir qué países siguen o no, y podrían quedarse dentro de la Eurozona países que perjudicaran en el futuro al conjunto de la Eurozona y que persistiesen en ella los shocks asimétricos. Además, sólo y después de mucho tiempo los países que hubieran salido podrían volver a entrar, aunque no es fácil que ello pudiese llegar a suceder.
La Eurozona sólo funcionará si los gobernantes y los ciudadanos actuamos como europeos y no como alemanes, españoles,...
Y eso supone a veces ceder (tipo de unión bancaria) y a veces exigir (Eurobonos), siempre pero con el objetivo final que seamos un Área Monetaria Óptima que funcione sin problemas, y que ello nos permita desterrar de una vez por todas todos los peligros y riesgos políticos que en el siglo pasado existieron.
Todos somos europeos y debemos pensar como europeos.
Para lo bueno y para lo malo. En la salud y la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza,...
martes, 28 de mayo de 2013
Propuesta sobre el euro: Moneda común y NO única
Hasta el momento para intentar
que los países periféricos salieran de la crisis en Europa se han aplicado
políticas económicas de austeridad
presupuestaria junto con devaluaciones internas de salarios (ante la
ausencia de posibilidad de devaluación de tipo de cambio, para que los países ganasen
competitividad y pudieran financiar de forma interna sus economías).
Ello ha servido para
reequilibrar las balanzas comerciales de los países del Sur, pasando en algunos
casos a ser superavitarias. Pero, por otra parte, estas políticas han tenido
demasiadas consecuencias negativas (reducción del consumo, aumento del paro,
pese aumentos impositivos ha aumentado el déficit público y la deuda, aumento
de las probabilidades de impago,…).
Hoy parece claro que, aún
solucionando los problemas, ello se haría tan a largo plazo que se generarían
otros inconvenientes:
- Graves crisis sociales
- Pérdida de apoyo al proceso europeo que podría
desembocar en un descarrilamiento futuro del proyecto europeo (quizás parte en
elecciones de 2014, preocupante escenario en las siguientes)
- Pérdida de la hegemonía económica de Europa en el
mundo (no digamos ya la política, que siendo la UE la primera potencia en el
PIB del mundo y la UEM la tercera potencia nunca se ha tenido políticamente ni
de lejos).
El hecho de que parece que
existe el riesgo de involución en el proyecto europeo puede propiciar un
entorno en el que sea deseable la toma
de decisiones para una pronta salida de la crisis.
Por ello, en la actualidad, se
está produciendo un debate sobre cómo promover
un euro menos caro para favorecer las exportaciones europeas, al calor de
lo que han hecho otros países (EEUU y Japón) mediante una expansión cuantitativa por parte de sus Bancos Centrales.
Hasta el momento, parece que el
BCE ha realizado una expansión cuantitativa pero cuidándose mucho de que el
dinero no circulase demasiado y que por tanto no generase inflación.
Y hoy, la expansión cuantitativa
realizada en EEUU y Japón parece no ser posible todavía en Europa dado que
quien tiene que velar para que no haya inflación (BCE) nunca va a implementar
una medida que la pueda generar, salvo que se le cambie su mandato (decisión
política) al estilo de lo que se ha realizado en EEUU con la Reserva Federal
Americana (objetivo: generar crecimiento).
¿Es necesaria la decisión política de dar el mandato al BCE para promover
el crecimiento?
Seguramente hay elementos que lo
apoyan, como que por ejemplo que creando inflación o favoreciendo las
exportaciones europeas se puede facilitar el repago de las facilidades
crediticias. También existen opiniones contrarias como las que opinan que se
pueden producir burbujas en los mercados de bonos, demasiada inflación,…
¿Es suficiente?
Personalmente, si bien creo que
podría ser necesaria esta medida, tengo mis dudas sobre su implementación y su suficiencia en una Europa con
unos elevadísimos shocks asimétricos existentes:
¿Es posible que países como
Alemania acepten que se realice una expansión cuantitativa cuantiosa como para
permitir un euro un 40% más barato, que es lo que pueden necesitar las
economías del Sur, si ello pone en peligro que se les dispare su inflación?
¿O abogará como máximo Alemania (en caso de que lo hiciera) por una
expansión cuantitativa que suponga una depreciación del euro de un determinado
% mucho menor que el % de devaluación interna de salarios que demandará a los
países del Sur para no tener demasiadas presiones inflacionarias?
¿No son los desequilibrios de los países del Sur demasiado amplios como para
tomar este camino?
En teoría, una expansión
cuantitativa (con su efecto depreciación de tipo de cambio) puede beneficiar a
la inversión y a más exportaciones en relación a las importaciones y éstas por
tanto pueden atemperar la caída del consumo (por la devaluación interna de
salarios de los países del Sur) y la disminución del gasto público (por
austeridad presupuestaria).
Pero surgen dudas: ¿qué tipo de
expansión cuantitativa se va a poder permitir? ¿qué tipo de devaluación interna
se va a exigir? ¿en cuanto afectará al consumo?¿en cuanto a la inversión y a
exportaciones sobre importaciones? ¿ello va a permitir crecimiento? ¿cuánto
crecimiento? ¿suficiente para generar empleo? ¿cuándo se va a crecer de forma
suficiente como para crear empleo? ¿cuándo lo van a percibir los ciudadanos? Y
sobretodo, ¿los ciudadanos del Sur van a
querer formar parte de una UEM que les habrá perjudicado gravemente su nivel y
calidad de vida con la bajada de salarios y paro existente (en su caso)?
Quizás los casos de EEUU o Japón son muy diferentes porque no sufren los shocks asimétricos que nosotros tenemos (dudo
que existan zonas en EEUU o Japón
que se deban plantear la necesidad de devaluación del 40%!).
Así que, anticipándose a los probables efectos negativos de las políticas
económicas que se puedan aplicar y a las
consecuencias sobre el apoyo futuro de la ciudadanía al proceso europeo (para
evitar la posibilidad de descarrilamiento político), existen diferentes economistas
que están debatiendo diferentes posibilidades para el euro:
- Economistas
Alemanes: Antes de que sucedan efectos y consecuencias negativas, se
debe considerar la “salida organizada”
de los países del Sur (cada uno con
su moneda, devaluándola un 30-40%
para ganar competitividad sin tener el alto coste asociado para las personas y
parte de la actividad -consumo interno- de una devaluación de salarios) y que sigan en el euro actual los Estados del
Norte
-
Economistas
Franceses: Antes de estos efectos y consecuencias negativas,
implementar una moneda común NO única.
Esta opción haría posible la devaluación de las monedas euro nacionales
(euro-marco, euro-franco, euro-pesetas,…), las cuales estarían ligadas a un
patrón común que funcionaría como moneda de cambio y de reserva internacional.
Ello permitiría a estas monedas fluctuar en su seno y que los países del Sur
pudieran realizar devaluaciones competitivas, necesarias para impulsar de su
actividad económica sin tener el coste asociado de una devaluación de salarios.
Personalmente, me surgen muchas
dudas acerca de la posibilidad apuntada por los Economistas Alemanes:
¿Es posible una salida
organizada de los países del Sur y que subsista el euro sin problemas? ¿Es
posible que ello no afecte a la confianza en la UEM? ¿Ello no tendrá efectos en
la UE? ¿Ello no disminuirá el poder económico de la UEM (no digamos el
político)? ¿Y el de la UE?
En cambio, una moneda común NO única como la que proponen los Economistas Franceses permite una devaluación
del tipo de cambio del 30-40%, evita la devaluación de salarios y conlleva quita
similar de deuda (%) si se quiere cobrar el principal (igual que la opción de los Economistas Alemanes), pero además también
permite salvar a la UEM actual (y los
efectos sobre la UE), su poder económico
actual (de UEM y UE), las oportunidades
futuras del euro (ampliación a más países,…) y la posibilidad de exigir nuestra parte en el lideraje
político en el mundo.
En este extremo, cabe aclarar para
quien esté reflexionando sobre los efectos teóricos de una Moneda Común y No Única (la
UEM como ensayo de implementación de áreas monetarias óptimas en zonas con
países muy diferentes) que:
- El proceso de integración NO se puede realizar de espaldas a los ciudadanos (a corto plazo
pueden no haber consecuencias negativas pero un proceso así se construye en
décadas y puede descarrilar si se
construye sin legitimidad democrática -los votos en democracia dependen
demasiado de los aspectos económicos-. Hay que tener en cuenta la impopularidad
de devaluaciones de salarios)
- Para que no descarrile el proceso quizás se debe permitir la flexibilidad de la devaluación
del tipo de cambio (mediante una moneda común no única) mientras se define
e implementa la Unión Política, Monetaria, Bancaria y Fiscal para facilitar la compensación
de posibles shocks asimétricos que se producen
-
En cuanto esté en funcionamiento el área monetaria
óptima –Mundell- y exista una
homogeneidad de condiciones económicas y fiscales (a determinar) la moneda común puede ser única para todos los países de la zona
-
Una vez sea así, si existen países que se quieren
adherir, se les debe permitir la entrada pero con una moneda común no única
durante el tiempo que sea necesario hasta tener las condiciones citadas (a
determinar nivel / paridad). Cuando las cumplan podrían pasar a tener la moneda
común única.
Quizás políticamente la decisión de instrumentar
una moneda común NO única puede ser
complicada (también la decisión de realizar expansión cuantitativa) pero hay veces que merece la
pena reconocer los errores cuando se vislumbran: puede no ser posible la
implementación de un área monetaria
óptima con una moneda única si existen demasiadas diferencias entre países
(culturales, económicas, políticas, laborales, sectoriales,…) pues se pueden
producir como hemos visto elevados
shocks asimétricos que quizás no pueden ser compensados a tiempo y por
tanto pueden en el extremo hacer descarrilar
políticamente los procesos de integración.
La ventaja
de la decisión política de instrumentar una moneda común no única frente a la
decisión política de dar el mandato de crecimiento al BCE subyace del
funcionamiento actual de la UE y del BCE: es altamente improbable que países
como Alemania acepten la expansión cuantitativa en la cuantía que necesitan los países del
Sur (y ello ralentizaría demasiado la salida y podría provocar los riesgos
políticos citados).
En cambio sí es más probable que estos países acreedores
acepten la aprobación de la moneda común no única, pues implícitamente con ella
estarían acotando sus pérdidas a las quitas de deuda que hoy ya consideran casi
inevitables y que quizás estarían dispuestos a aceptar (de ellas sólo la parte que les corresponde
a acreedores públicos y privados de sus respectivos países). Para los países
del Sur también tiene consecuencias positivas (salida pronta de la crisis sin
el coste político asociado de la devaluación de salarios).
En la actualidad, la implementación de una moneda común y no única permitiría a Europa
una pronta salida de la crisis, seguir liderando económicamente el mundo (UE),
aprovechar las oportunidades futuras de la UEM (expansión) y poder exigir el
peso político global que nos merecemos (similar a nuestro peso económico: UE la
primera potencia y la UEM la tercera potencia en el PIB mundial).
Vale la pena reconocer los errores a tiempo…y más si puede interesar a
todos.
Además, una vez subsanados los desequilibrios existentes,
siempre se podrá volver a la moneda común ÚNICA.
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